Luciana Lasus posted by

De comida y otras adicciones

De comida y otras adicciones

Instalado en el sillón, mirando televisión o leyendo sentís esa predecible e incontrolable necesidad nocturna. Cuanto más te resistis más te atrapa y te desconcentra. Dos cucharadas de helado, dulce de leche o chocolate te regresan a la realidad rápidamente, un alivio. Pensarás que tenés poca voluntad o disciplina. Sin embargo hay  evidencia contundente de que los alimentos con alto contenido de azúcar, grasa y sal -como la mayor parte de la comida chatarra- pueden provocar en nuestro cerebro alteraciones químicas similares a las  que producen drogas adictivas. “Debemos educar a la población sobre el modo en que las grasas, el azúcar y la sal toman al cerebro de rehén”, dice David Kessler, ex comisionado de la Administración de Alimentos y Drogas( FDA).

Síndrome de abstinencia

En 2001, los neurocientíficos Nicole Avena, de la Universidad de Florida, y Bartley Hoebel, de la Universidad de Princeton, comenzaron a explorar la posibilidad de que esa idea tuviera un sustento biológico.

Advirtieron que el cerebro de las ratas liberaba dopamina cada vez que comían la solución de azúcar. La dopamina es el neurotransmisor que se encuentra detrás de la búsqueda del placer, ya sea en la comida, las drogas o  el sexo.

Es también una sustancia química esencial para el aprendizaje, la memoria, la toma de decisiones y la formación del circuito de satisfacción y recompensa. Para Avena, lo esperable sería que la descarga de dopamina se produjera cuando las ratas comen algo nuevo, pero no cuando consumen algo a lo que ya están acostumbradas.

Riesgo innato

Eric Stice, neurocientífico del Instituto de Investigaciones de Oregon viene intentando predecir la propensión a convertirse en adicto a la comida chatarra. Para ello observa, por ejemplo, la respuesta del cerebro cuando a una persona se le da una cucharada de helado de crema y chocolate. Luego compara esa actividad cerebral en individuos obesos y flacos.

Stice descubrió ante el helado que los adolescentes delgados con padres obesos experimentan una mayor descarga de dopamina que los hijos de padres delgados. “Hay gente que nace con una sensación más orgásmica por la comida”, dice Stice. Ese placer innato por la comida impulsa a ciertas personas a comer de más.

Irónicamente, comen de más y su circuito de recompensa comienza a acostumbrarse y a responder cada vez menos, provocando que la comida cada vez los satisfaga menos e impulsándolos a comer cada vez más para compensar.

No quedan dudas de que la comida rica en sal, azúcar y grasa consumida en forma rutinaria y en cantidades exageradas genera trastornos en los mecanismos biológicos poderosos y difíciles de combatir. No es de voluntad o fuerza individual,  se altera la bioquímica del cuerpo y la solución está en aprender a elegir, aplicar el sentido común y saber que hay que pedir ayuda para desactivar el circuito.

No tiene que ser tan complicado o confuso y los alimentos deben ser disfrutados y no temidos.

Luciana

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