Luciana Lasus posted by

Mejorá tu relación con los alimentos

Mejorá tu relación con los alimentos

De 0 a 100, ¿cuántas ganas tienen de probarlo? Esta fue la pregunta hecha a un auditorio de periodistas, la mayoría mujeres, sobre un diminuto bombón de 70 calorías. La interrogante incomodó casi tanto como si en lugar de un chocolatín el objeto de deseo de consulta hubiera sido el marido de una amiga.

Las que se animaron a probar ensayaron todo tipo de justificaciones: que la hora del día, que la baja presión, que la fecha del mes pero ¿es posible que 14 gramos de chocolate den tanta culpa? Claro que sí.

La culpa es la base de todas las dietas restrictivas y la esencia de todas las recaídas. “El problema quizás esté más cerca de cuánto nos dure el chocolate en la boca o peor, de cuánto tardemos en comernos una caja completa”, explica Mónica Katz, médica nutricionista argentina que siempre me hace reflexionar.
La pulsión es fuerte. “Los sentidos son la puerta de entrada de calorías”, dice y coincido 100%. Pero ¿cómo conciliar tantas variables, más de una vez al día?

Dosificar en vez de eliminar las ganas reprimidas puede ser malo pero hay que ser muy hábil para poder parar de comer si tu cerebro ¡te está gritando que sigas! Las formas, las cantidades, los momentos del día, pensar y comprender que comer va más allá de cumplir con las funciones biológicas, es indispensable. Ya es bien sabido lo de comer poco, varias veces, sin grasas, sin frituras. Me animaría a decir que si los consulto saben bien cada pauta nutricional teórica para comer mejor.

Entonces les propongo pensar en otros aspectos, quizás no tan considerados, para ver si podemos conseguir el equilibrio. Se calcula que se toman unas 200 decisiones relacionadas con la alimentación por día, a las que no se presta atención como por ejemplo:

El ánimo

Los nervios, la ansiedad, el estrés, la presión por terminar un trabajo a tiempo, la tristeza, el enojo o la alegría son estados de ánimo que cada uno canaliza a su manera. Los alimentos a veces son el ¨consuelo¨ para muchas personas. Según coinciden varias investigaciones, un patrón alimentario caracterizado por cantidades altas de alimentos procesados, ricos en azúcares y grasas, está más asociado con las emociones intensas.

¿Quién cocina?

La persona que cocina es quien determina lo que se come, su forma de elaboración y contenido calórico final. Por lo tanto saber qué se utiliza en la preparación de las comidas es un aspecto a tener en cuenta.

Comer frente a la computadora, respondiendo emails o navegando en internet
La gente que come delante de la televisión, la computadora o al teléfono se calcula que come un tercio más de alimentos por no estar concentrado en la comida. Al no prestar atención, no se perciben los mensajes que llegan al cerebro y que le advierten que el estómago está satisfecho. Por esto, continúan comiendo.

¡No sé qué elegir!

El olor, los colores, la variedad de alimentos de un menú y la buena presencia de un plato afecta la cantidad de comida que ingerimos. Está demostrado que se tiende a comer más alimentos cuanto más opciones hay disponibles.

¡Esa es mi taza!

Reconocer que el tamaño de los platos y los vasos puede inducir a comer más, es importante para revisar la vajilla que se usa. Un bowl para desayuno puede llevar casi medio litro de leche y gran cantidad de cereales. Si la vianda que mandamos a la escuela es demasiado grande, mandaremos comida de más o lo que es peor, tendremos la falsa sensación de que el niño está comiendo poco.

Este aspecto, también se aplica a los alimentos. Si se compran paquetes de salsa, pasta, jugos, refrescos, panes de molde o yogures de gran tamaño o tamaño familiar, se vierte o consume hasta un 30% más cantidad por comida. Especialmente, cuando las personas viven solas y eligen estas presentaciones que son generalmente más económicas que las individuales.

Advertencia: hacer las compras puede ser peligroso para la salud

La compra es decisiva, ya sé que insisto con este tema, pero: dime cómo compras y te diré cómo comes. Las listas de compras, la planificación y el elegir bien, es indispensable.
Comer y pensar puede parecer incompatible, no se trata de cuestionar cada bocado ni contar nutrientes, mucho menos calorías porque el encanto de la comida y su ritual, según nuestras costumbres, cultura, religión, horarios, edad, se desvirtúa.

Comer tiene que ser un placer y está bueno saber qué estamos comiendo, cómo se preparó, cuidar las cantidades y aprender a manejar las excepciones como momentos y no como rutina. Poder elegir ese bombón sin culpa, sin buscar mil explicaciones para justificar simples ganas y la debilidad por algo tan delicioso como el chocolate. Si logramos conseguir un equilibrio entre lo que es recomendable y lo que es preferido, cómodo y accesible, estaremos en un camino de mejorar nuestra relación con los alimentos antes de vernos obligados a hacerlo por cuestiones de salud.

Luciana Lasus en mujermujer.com.uy

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