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Las nenas son más propensas que los varones a incorporar alimentos saludables

Las nenas son más propensas que los varones a incorporar alimentos saludables

La M del famoso local de hamburguesas provoca en los chicos un particular magnetismo desde edades tempranas. Y ni que hablar de la Coca, una de las palabras que primero incorporan a su vocabulario. Golosinas, snacks y comidas rápidas integran su menú predilecto y tentarlos con una manzana puede llegar a ser una tarea titánica. Sin embargo, un estudio demostró que las nenas son más propensas a incorporar alimentos saludables que los varones, quienes en cambio podrían verse más atraídos por programas que incorporen la actividad física.

Del ensayo participaron 405 chicos de entre 9 y 11 años de seis escuelas públicas de zonas pobres de Rosario, Santa Fe. Fue realizado de mayo a octubre de 2008 y sus resultados fueron publicados en la última edición de laRevista Panamericana de Salud Pública. El objetivo fue evaluar la eficacia del programa “Cantinas Saludables”, llevado adelante por la municipalidad para promover la alimentación sana y mejorar los hábitos.

La estrategia implementada fue la siguiente: se evaluó a todos los chicos en el inicio del estudio y nuevamente a los seis meses. Durante ese lapso, la mitad de ellos (los del grupo de intervención) participaron de cuatro talleres cuyo objetivo fue mejorar sus conocimientos sobre la alimentación saludable y la importancia del ejercicio físico. La medición del índice de masa corporal arrojó una significativa prevalencia del sobrepeso y la obesidad en ese población (31% ellos, 24,3% ellas).También fueron de la partida sus padres, a quienes se les dieron charlas orientativas. El menú de los buffets de los colegios incluía opciones sanas: frutas, vegetales, cereales bajos en azúcar, leche descremada y jugo de naranja. Precisamente fue el consumo de esos cinco grupos de alimentos y bebidas el que se buscó incentivar.

Una vez finalizada la intervención, las investigadoras midieron los cambios registrados tanto en el consumo de esos alimentos como en el de la comida con alto valor calórico y rica en grasas e hidratos como chocolate, caramelos, hamburguesas, papas fritas y bebidas azucaradas.

Los resultados arrojaron que las alumnas de colegios en los que se realizaron los talleres aumentaron el consumo de los cinco alimentos sanos propuestos, sobre todo de lácteos descremados y jugo de naranja. Los varones no alcanzaron ese objetivo, pero los del grupo de intervención consumieron menos hamburguesas y panchos.

“Las nenas estaban más dispuestas a mejorar su alimentación. En términos generales, con el programa, la probabilidad de aumentar el consumo de alimentos saludables fue mayor que la probabilidad de disminuir el consumo de alimentos malsanos”, concluyeron las autoras de la investigación del Instituto Internacional de Ciencias de la Vida (ILSI, por sus siglas en inglés), coordinado por Irina Kovalskys y de la que participaron Cecile Rausch Herscovici, especialista en trastornos de alimentación y María José De Gregorio, del área de Estadísticas de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

“Los resultados indican que las nenas son más permeables a aceptar cambios en su ingesta probablemente por la frecuente preocupación por el aspecto y peso corporal que caracteriza al género femenino desde temprana edad. Otra explicación posible (y no excluyente) se vincula con estudios que indican que los programas que se apoyan en el aprendizaje social son más apropiados para las nenas, en tanto que los programas que introducen cambios ambientales (promoviendo actividad física) son más eficaces para los varones”, explicó a Clarín Rausch Herscovici.

Sobre la perdurabilidad de los cambios en el tiempo, señaló que “depende directamente de factores ambientales: accesibilidad y disponibilidad de alimentos, presencia de barreras ambientales (seguridad vial, espacios verdes, campos de deporte) y el modelo u apoyo familiar que reciban”.

El estudio, uno de los pocos realizados con chicos de recursos bajos y medios en América Latina, subraya la importancia de tener en cuenta las diferencias de género a la hora de elaborar programas escolares de alimentación saludable y actividad física.

Fuente: Clarin.com

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