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Nutrición y Alimentación, no son lo mismo

Nutrición y Alimentación, no son lo mismo

Las cosas del comer están de moda. Restaurantes, recetas, tiendas gourmet, cocineros, estrellas, nutrición y salud son algunas de las temáticas que rodean al acto de alimentarse. Pero parece que muchos no tienen muy claro las diferencias entre Nutrición y Alimentación. Es muy habitual ver que ambos términos se utilizan con frecuencia como sinónimos, cuando en realidad no son lo mismo. Y llama la atención que incluso expertos en la materia caigan en la trampa de emplear el término “nutrición” cuando en realidad están hablando de “alimentación”.

El doctor Francisco Grande Covián, considerado por muchos como el padre de la Nutrición en España, dejó muy clara esta diferencia durante su carrera profesional. En su libro La Alimentación y la Vida (Ed. Debate, 2000) tiene un capítulo dedicado a aclarar ambos conceptos lo cuales, matiza, no pueden utilizarse indistintamente.

La nutrición es el conjunto de procesos por los cuales nuestro organismo utiliza, transforma e incorpora en sus propias estructuras (es decir, en sus células y tejidos) toda una serie de sustancias (conocidas como nutrientes) que vienen del mundo exterior formando parte de los alimentos. En este conjunto de procesos se incluye también la eliminación de las sustancias de deshecho, fruto de las transformaciones que sufren los nutrientes durante su metabolismo. Así pues, la nutrición implica todos los procesos desde el momento en que se ingiere el alimento hasta que se excretan sus desechos. Es, por tanto, un acto involuntario, inconsciente e igual para todos los individuos de una misma especie (salvo en aquellas personas con errores congénitos del metabolismo y otras patologías donde puede verse alterada alguna de las fases del metabolismo de los nutrientes).

Por otro lado, la alimentación es la parte externa de este proceso nutritivo e implica todo lo que nos ha llevado a ingerir ese alimento concreto: desde su elección y compra, el cocinado (o no) del mismo, la selección de los ingredientes que le acompañan, la influencia de las costumbres familiares, sociales o religiosas, o incluso las modas. La alimentación es un acto consciente, voluntario y único para cada uno de nosotros.

Algunas expresiones sin sentido
Y aquí es donde parece que pocos se aclaran. Es constante ver y oír tanto a expertos como aficionados a la materia utilizar indistintamente ambos términos, dando lugar a expresiones que, bien pensadas, carecen de sentido. Veamos algunas de ellas:

• Recomendaciones nutricionales: a menudo se confunde este término con el de recomendaciones alimentarias o dietéticas, ya que es habitual verlo seguido de recomendaciones de consumo de alimentos o hábitos de vida saludables. Las recomendaciones nutricionales hacen referencia a los nutrientes recomendados a una población o individuo en determinadas condiciones (población sana, deportistas, personas mayores, mujeres embarazadas y lactantes…). Éstas podrán “traducirse” a alimentos, que es la forma más entendible y práctica para la población general. Por ejemplo, asegurar la ingesta de 1200 mg de calcio es una recomendación nutricional, pero consumir de 2 a 4 raciones de lácteos en forma de leche, queso o yogur, es un recomendación alimentaria.

• Hábitos nutricionales: un hábito es una costumbre o práctica que se adquiere por repetición de un acto de forma frecuente. Así pues, podemos adquirir el hábito de no desayunar, si dejamos de hacerlo de forma frecuente, o el de comer una pieza de fruta de postre si nos forzamos cada día a hacerlo, hasta que nos acostumbremos y deje de ser una obligación para convertirse en un hábito. ¿Dónde aparecen los nutrientes aquí? Otra expresión que a menudo se utiliza para hacer referencia a los malos hábitos alimentarios es el de “mala nutrición”, una expresión que chirría. Los hábitos son, por tanto, alimentarios y pueden modificarse, en ocasiones, a través de la educación. Pero ¿de qué estaremos hablando entonces? ¿De educación nutricional o educación alimentaria?

• Educación nutricional: no son pocos los que se llenan la boca hablando de lo importante que es educar para combatir problemas de salud como la epidemia de la obesidad. Otros prefieren organizar campañas educativas para mejorar el estado de salud de la población a través de la alimentación. Sea cual sea la razón, siempre va bien hasta que meten la coletilla de marras: “educación nutricional”. Y no puedo evitar imaginarme cómo será eso de educar la Nutrición. ¿Le enseñará la veterana célula beta del páncreas a la más joven que cada vez que haya un aumento de glucosa circulante tiene que sintetizar insulina y segregarla a la sangre? ¿Qué pasa si la joven célula beta sale rebelde y se niega a producir insulina? ¿A quién se educará entonces? ¿Se darán clases de refuerzo en el páncreas para que la jóvenes y rebeldes células beta entiendan de una vez por todas que cuando aumenta la glucosa en sangre tienen que producir insulina? ¿O educaremos al diabético para que cambie sus hábitos alimentarios y le enseñaremos qué alimentos son los que puede comer, cómo los puede comer, y cuándo los puede comer? Desde luego, la educación es alimentaria, no nutricional, porque enseñamos a comer, a seleccionar alimentos apropiados cada día, a combinarlos entre sí y a cocinarlos, si hace falta. Es decir, educamos en buenos hábitos alimentarios, no nutricionales.

¿Por qué lo llaman nutrición cuando quieren decir alimentación?
Existe un condicionante importante que influye en que se mantenga este uso confuso de ambos términos. Y es que la ciencia, incluida la que hace referencia a la nutrición y alimentación, se escribe (en su mayoría) en inglés. Y es curioso ver que en el idioma de Shakespeare no existe esta diferenciación entre “nutrición” y “alimentación”, ya que ambos términos se traducen al mismo vocablo: “nutrition”. Y aunque en ocasiones se utilizan los términos “healthy diet” (dieta/alimentación saludable) o “healthy eating habits” (que se puede traducir como hábitos alimentarios saludables) lo más habitual es que se utilice “nutrition” como sinónimo de lo que Grande Covián, y nosotros, entendemos como “alimentación”. Esto lleva a que se cometa el error de no distinguir entre alimentación y nutrición cuando se traducen los textos ingleses.

Fuente: dietistasnutricionistas.es

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