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Thigh Gap: una moda peligrosa

Thigh Gap: una moda peligrosa

Para algunas personas es decepcionante conocer a las modelos y celebridades que salen en las revistas y en la tele. En las fotos, lucen espléndidas, pero en vivo y en directo a veces tienen granitos, son bajas, más rellenitas o demasiado flacas; tienen otro tono de pelo y, quizá, labios no tan carnosos como cuando están maquilladas. Es decir, son mujeres normales.

Probablemente, muchos de los trastornos alimentarios que afectan a adolescentes y jóvenes se deban, en alguna medida, al uso exagerado del photoshop, que sigue mostrando imágenes retocadas de mujeres ideales. La última obsesión que ha generado esta distorsión de la imagen, entre otras causas, claro, es el Thigh gap o piernas separadas. De hecho, miles de chicas en todo el mundo se someten a dietas y rutinas de ejercicios para lograr que sus piernas luzcan bien separadas a la altura de los muslos, como las modelos.

Según Bárbara Greenberg, autora del libro “La adolescencia como segundo lenguaje: guía para que los padres sean bilingües”, la tendencia es consecuencia de los desfiles de lencería que mostraron en las pasarelas a mujeres extremadamente delgadas.

“Lo importante es destacar que el espacio entre los muslos o Thigh gap no es un tema de estudio médico, sino que se trata de la percepción que la mujer tiene de su imagen corporal, relacionándolo como sinónimo de belleza y éxito, especialmente entre las adolescentes”, explica Horacio Rivarola Etcheto, jefe de Ortopedia y Traumatología del Hospital Universitario Fundación Favaloro.

“Tener las piernas más o menos separadas responde a la constitución física, tiene que ver con la disposición de las caderas y con el ancho de la pelvis de cada individuo. No hay una distancia ‘normal’ entre un muslo y otro; lo ideal es que las rodillas no se toquen, eso hablaría de que el paciente tiene un buen eje de las piernas. En relación al eje constitucional, puede haber un factor hereditario o predisponente”, agrega.

Señales de alerta

La alarmante cantidad de sitios, tumblrs y redes sociales donde las chicas comparten información y consejos para alcanzar el objetivo de separar las piernas multiplica exponencialmente el problema, ya que las recomendaciones son falsas y contrapodrucentes para la salud.

En Aluba recuerdan que desde hace más de 25 años atienden mujeres disconformes con su cintura, abdomen, glúteos y también con sus piernas. Los terapeutas sostienen que cualquiera de los trastornos de la conducta alimentaria (anorexia nerviosa, bulimia, etc.) se dispara con tendencias como éstas, que no son nuevas.

“Lamentablemente, aconsejan alimentos que entran en las dietas estrictas, muy hipocalóricas, acompañados por un listados de alimentos prohibidos y de otros de consumo esporádico”, explica Marcelo Bregua, psicólogo y coordinador general de Aluba.

“El tipo de ejercicios físicos y la cantidad de repeticiones que aconsejan pueden poner en riesgo la vida de las chicas, dado que su alimentación no aporta lo necesario para semejante desgaste. Estos ejercicios que aconsejan, incluyen, además, unos ‘avisos’ para que no sean detectadas por sus padres”, continúa. Y agrega que es muy común observar que debajo de la ropa de todos los días, las chicas usen fajas para disimular su abdomen y/o calzas o medias bajo el pantalón para disimular imperfecciones.

Según un artículo publicado en el Daily Mail, una clínica de Londres registró en febrero de 2013 un aumento del 240% en la demanda de cirugías plásticas para eliminar la grasa de la parte superior de las piernas. La técnica más solicitada es el Lipoglaze, que calienta y congela las células adiposas, que luego son eliminadas por el organismo. La liposucción es muy solicitada entre las mujeres de 35 a 40 años.

El riesgo de la práctica quirúrgica incluye que los resultados no sean los deseados, ya que por más que se adelgace la pierna y se modele, la forma no cambia. La aceptación sería la única manera de evitar trastornos alimentarios.

“En el caso de la mujer es ancestral el hecho de que su autoestima esté en gran medida apoyada en la belleza, y hoy la búsqueda obsesiva de los indicadores de belleza no es exclusiva de las jóvenes”, explica Berta Spaini, psicóloga, creadora del programa Vivir Delgado y docente de la Facultad de Psicología de la UBA.

“Más que ligado a la sensación de carencia de algún tipo, el interés exagerado por la figura o la imagen determinada obedece a la voracidad propia de los tiempos que corren. A la necesidad de tener un ‘todo’ que cubra una sensación de ‘falta’ que seguramente no pasa por las rodillas.”

Fuente: Clarin.com

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